martes, enero 03, 2012

¡Miseria sucia, miseria humana!

Leyendo las noticias de hoy me encontré con esta nota de El Universal:


"Pasaban las nueve de la mañana y Julián Tives León, de 60 años, ya hacía fila para hacer un trámite en un banco al sur de la ciudad.
A esa hora, la sucursal bancaria ubicada en avenida División del Norte número 1509 ya estaba repleta; muchos usuarios se mostraban impacientes por llegar a la ventanilla para también realizar alguna gestión financiera. De pronto Julián se llevó las manos al pecho. Pasaron sólo unos instantes y se desplomó.
Comenzó a agonizar sin que nadie lo auxiliara. Indiferentes funcionarios y clientes del banco apenas y lo veían de reojo, mientras Julián Tives sufría espasmos que lo hacían convulsionarse, según algunos testigos.
Pese a lo dramático de la escena la indiferencia dominó. Nadie hizo nada.
Apenas un guardia de seguridad se acercó a aquel hombre que yacía en el piso, abandonado a su suerte y encarando a la muerte.
Julián no recibió la ayuda que en ese momento reclamaba su cuerpo. Su corazón se detuvo, ahí murió ante la indiferencia de quienes hacían fila para cumplir con su trámite bancario.
Su cuerpo fue cubierto con una sábana azul en el interior del banco y aún ahí tirado en el piso continuó con su operación normal, como si nada hubiera pasado, sólo unos pocos clientes se salieron ante la escena".
http://www.eluniversaldf.mx/home/nota40602.html

Y entonces mi indignación llegó al límite. De nada sirvió leer los mensajes en mis redes sociales en donde todos se deseaban amor, paz, buenos deseos, éxito... En donde se decían ser mejores como personas que bla bla bla...


¿De verdad se creen sus choros? ¿De verdad somos tan miserables que ya nada nos conmueve?...


Nos enojamos mucho con los políticos y sus hijos al llamarnos "pendejos" y "prole", cuando deberíamos enojarnos con nosotros mismos por ser hipócritas y de doble moral. Nos desgarramos las vestiduras ante situaciones ridículas y en cosas realmente importantes nos hacemos de la vista gorda.


Esta situación me recordó a un poema de Fidencio Escamilla, "Robé pan para mis hijos". En uno de sus párrafos describe a la perfección a esta sociedad y las palabras que hubiera querido proferir hacia las "personas" de ese banco:

¡Que decepción abrigué en mi alma! ¡Cuanta miseria llegó a mis ojos!
Miseria sucia, miseria humana, nido de ratas, bestias en brama
Donde él más fuerte castiga y mata, donde el más débil sufre y acata;
Nido de fieras llenas de rabia donde las normas
Ya se olvidaron, donde no existen sabias palabras:
Se veja, se viola, se tima y roba
Y por la paz ni un ser humano trabaja.


Hagamos un poco de conciencia, veamos hacia dónde nos encaminamos, quienes somos. Antes de creernos superiores y de poner primero lo material antes que lo moral, pensemos que cualquier día, a cualquier hora, nosotros también seremos indiferentes para la sociedad.